Monday, January 15, 2007

Interrogar

Un hombre entra en la casa de las bellas durmientes, en la novela de Kawabata, y pregunta:

-¿Qué es lo máximo que puede conseguirse en esta casa?

Ésta es una buena pregunta. Es, de hecho, una de las mejores preguntas que uno puede hacerse, quizá la pregunta fundamental. ¿Qué es lo máximo que uno puede conseguir en esta casa? Uno debería preguntarse eso mismo cada vez que cruza una puerta.

Hay algunas artes que no tienen nombre, y por eso pasan desapercibidas. Por ejemplo, el Arte de Preguntar, y su arte espejo, el Arte de Contestar. De los dos, es mucho más famoso el Arte de Contestar. Todos codiciamos las respuestas de los políticos, los filósofos, los científicos, los escritores, los artistas, los sabios, los líderes espirituales. Los seres humanos buscamos respuestas. O al menos, eso es lo que se dice siempre en las películas: «Busco respuestas», «no tengo todas las respuestas», expresiones así. El que tiene una respuesta, tiene un tesoro.

Yo, por mi parte, codicio mucho más las preguntas. Hace unos años conocí a un virtuoso del Arte de Contestar. Podía contestar a cualquier cosa, especialmente si el tema era él, especialmente si quien le preguntaba era una mujer atractiva. El Arte de Contestar se parece mucho al arte de seducir.

Pero preguntar... Pensemos, en primer lugar, que no podría haber una buena respuesta si no hubiera antes una buena pregunta. La pregunta es la madre de la respuesta. Por esa razón, quizá, las buenas preguntas son mucho más valiosas que las buenas respuestas, o incluso que las respuestas geniales. Por otra parte, las preguntas verdaderamente grandes son aquéllas que no necesitan respuesta. Como, por ejemplo, ésta: ¿qué es lo máximo que puede conseguirse en esta casa?

Recordemos que la casa de las bellas durmientes es, en realidad, un burdel. Sí, ésa es la casa en la que vivimos, ése es nuestro mundo: una casa de putas. Pero en esta casa de putas, ¿qué es lo máximo que uno puede conseguir? Hace algún tiempo yo pude pensar que lo máximo era el arte. Luego, que lo máximo era crear obras de arte. Luego, que era ir al lugar del que hablan las obras de arte. Estos tres movimientos resumen, quizá, una forma posible de estar en este mundo.

Lo máximo flota por encima de nosotros casi como una sombra amenazante. Lo máximo parece desear aniquilar a lo posible. ¿Qué es lo máximo que podemos conseguir en esta casa? ¿Ser felices? ¿Sentir que nuestro amor es correspondido?

Me digo que una de las más grandes preguntas que uno puede hacerse es «¿quién soy yo?» Ésta era la pregunta que proponía Ramana Maharshi, el sabio del sur de la India. Según él, sólo con hacerse una y otra vez esta pregunta uno podía llegar a la iluminación.

Otra gran pregunta es la famosa de Chernishevsky, que hemos de sacar de contexto todavía más que la de Yasunari Kawabata: «¿Qué se puede hacer?» Siempre que me encuentro a alguien que hace esta pregunta, sea cual sea la circunstancia, sé que estoy en presencia de alguien admirable.

«¿Por qué bebemos o comemos otra cosa que luz o fuego?» se pregunta Juan Ramón Jiménez en Espacio. Y es cierto, ¿por qué lo hacemos? Ésta es otra gran pregunta, una obra maestra del Arte de Preguntar.

Hay un cuadro de Gauguin que se titula ¿De dónde venimos? ¿Adónde vamos? ¿Son éstas grandes preguntas? En Las brujas de Eastwick, Cher le pregunta a Jack Nicholson, que es el diablo: «¿Estás casado?» Y éste grita: «¡Ésa es una verdadera pregunta! ¡Una magnífica pregunta!»

Hay un vídeo de Krishnamurti hablando con Iris Murdoch. El anciano Krishnamurti apenas puede decir un par de frases frente a la verborrea incontenible de Iris Murdoch, que suelta un lugar común tras otro. Iris Murdoch habla sobre el deseo, que parece un tema que le obsesionaba en esa época. Y Krishnamurti sólo tiene espacio para preguntarle: «Sí, pero ¿quién es el que desea?»

Sí, verdaderamente, ¿quién?

¿Quién escribe esta columna? ¿Quién la escribe en mí? ¿Por qué lo hace? ¿Qué es lo que pretende? Y ¿quién la lee? ¿Y por qué?

Jorge Carvajal, médico colombiano, estudioso de la sabiduría del Tíbet, creador de la sintergética y uno de los grandes sabios de nuestra época, concluiría esta nota diciendo: «Les dejo con esa pregunta».

"El Arte de Preguntar"
Andrés Ibánez
ABCD de las Artes y las Letras (779. 06 01 2007)

1 Comments:

Anonymous petullia said...

Muy interesante.
Me quedo con la pregunta de Ramana Maharshi, estoy de acuerdo con su planteamiento. Al final todas las preguntas confluyen en esa pregunta. No hay que buscar las respuestas muchas veces, solo dejar la pregunta.
La mía es ¿para qué estoy aquí?
Ahí la tengo...
Ah, y que bueno que volviste!

11:27 PM  

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